Editorial – Santoto Digital
Con paro anunciado para el primer día del ciclo lectivo y una movilización que reunió a docentes y estatales autoconvocados, el conflicto abre un interrogante sobre la lectura que hace el Gobierno provincial.
El conflicto docente en Santa Fe todavía no llegó a su punto máximo. El paro está anunciado para el próximo lunes, día en que deberían comenzar las clases. Sin embargo, antes de que suene el primer timbre del ciclo lectivo, la calle ya dio una señal contundente.
La movilización de este martes en la capital provincial no fue menor. No fue simbólica. Y no fue exclusivamente docente.
A las columnas de educadores se sumaron estatales autoconvocados, muchos de ellos por fuera de los gremios que sí aceptaron la propuesta salarial del Gobierno para el primer semestre. Ese dato no es accesorio: cuando la conducción sindical acuerda pero parte de la base se moviliza igual, el conflicto deja de ser estrictamente paritario y empieza a tener un componente político más profundo.
El gobernador Maximiliano Pullaro defendió la oferta oficial y relativizó la magnitud de las protestas. El mensaje es claro: la propuesta es razonable y el reclamo no tiene la dimensión que algunos intentan instalar.
Pero las imágenes del martes muestran otra cosa.
Entonces la pregunta incómoda es inevitable: ¿El Gobierno está leyendo correctamente lo que ocurre en la calle?

Porque si la interpretación es que se trata de una reacción sectorial aislada, el cálculo puede resultar riesgoso. Cuando docentes y estatales autoconvocados confluyen en una misma protesta, el reclamo trasciende el porcentaje salarial. Empieza a hablar de malestar acumulado, de desconfianza en la negociación y de una percepción extendida de pérdida de poder adquisitivo.
Minimizar el conflicto puede ser una estrategia de fortaleza política. Pero también puede transformarse en un error de diagnóstico.
El paro del lunes no será un hecho aislado: será la primera postal del año escolar. Si el ciclo lectivo comienza con aulas cerradas y movilización en la calle, el mensaje social no se diluye con declaraciones.
La Casa Gris enfrenta una disyuntiva clásica en los conflictos salariales: endurecer la postura para no ceder ante la presión o recalibrar la lectura antes de que el conflicto escale. La diferencia entre una decisión y otra no es ideológica; es estratégica.
Porque la pregunta de fondo ya no es cuánto ofrece el Gobierno. La pregunta es cuánto está dispuesto a arriesgar en términos de clima político y gobernabilidad al inicio del año.
La calle se expresó antes del comienzo de clases.
Subestimarla puede ser una apuesta.
Interpretarla mal, un costo.
