El 13 de diciembre de 1997, Los Redondos llegaron a Santa Fe para presentarse en el estadio Brigadier General Estanislao López. La fecha quedó marcada en el recuerdo de los fanáticos no sólo por el show, sino también por las condiciones en las que se desarrolló: lluvia persistente, barro por todos lados y miles de ricoteros que llegaron a la ciudad para despedir el año junto a la banda.
Las tormentas que afectaron a la región durante ese fin de semana dejaron el campo de juego en condiciones muy complicadas. El agua acumulada y el barro dominaron la escena desde temprano, obligando a realizar trabajos adicionales para garantizar el desarrollo del recital. Aun así, la convocatoria no se resintió. Desde distintos puntos del país llegaron seguidores dispuestos a vivir una nueva misa ricotera, en lo que terminaría siendo la última presentación de Los Redondos durante ese año.

Con el tour de Luzbelito como marco, la banda liderada por Indio Solari repasó clásicos como “El pibe de los astilleros”, “Vencedores Vencidos”, “Un poco de amor francés”, “Juguetes perdidos”, “Mi perro dinamita” y el infaltable cierre con “Ji Ji Ji”. El recital se extendió durante más de dos horas y reunió a una multitud estimada entre 15 mil y 30 mil personas, según distintas crónicas de la época.
Pero aquella noche tuvo además un condimento especial. Los Redondos sorprendieron a sus seguidores con el regreso de “Motorpsico” al repertorio. La canción, uno de los himnos de Oktubre, volvió a sonar en vivo luego de varios años de ausencia y se convirtió en uno de los momentos más celebrados del show.

Los inconvenientes técnicos provocados por la lluvia fueron inevitables. Hubo dificultades con el sonido y las condiciones del campo distaban de ser las ideales, pero nada de eso alteró el clima de una noche que quedó grabada en la memoria de quienes estuvieron allí. Las postales de miles de fanáticos embarrados, cantando frente al escenario bajo el cielo santafesino, terminaron convirtiéndose en una de las imágenes más recordadas del recorrido de Los Redondos por el interior del país.
Casi treinta años después, aquel recital sigue apareciendo en las conversaciones ricoteras. No fue el más multitudinario ni el más famoso de la banda, pero sí uno de los que mejor retrató el vínculo entre Los Redondos y su público: una multitud dispuesta a atravesar lluvia, barro y kilómetros de ruta para formar parte de un ritual que, por una noche, tuvo a Santa Fe como escenario.
