Las declaraciones de Felipe Michlig reavivaron una discusión que crece dentro de Unidos para Cambiar Santa Fe: la posibilidad de sumar a La Libertad Avanza. Entre la necesidad de ampliar y el riesgo de perder identidad, el oficialismo piensa en 2027.
No es una frase más. Cuando el senador Felipe Michlig dijo que “no hay que cerrarle la puerta a nadie”, no solo habló de amplitud política: abrió un debate incómodo dentro del oficialismo santafesino.
La posibilidad de un acercamiento entre Unidos para Cambiar Santa Fe y La Libertad Avanza dejó de ser un rumor para convertirse en discusión real. Y como suele pasar en política, lo que antes se afirmaba en privado y se negaba en público ahora ya se dice abiertamente.
Hoy, dentro de Unidos conviven dos miradas. Por un lado, quienes entienden que el escenario electoral que viene —con la mirada puesta en 2027— obliga a ampliar y evitar la fragmentación del voto. Por el otro, los que advierten que hay límites que no se pueden cruzar sin poner en riesgo la identidad del frente.
En ese marco, la postura de Michlig no aparece aislada. También hay sectores que empiezan a plantear la necesidad de ensanchar el espacio político y sumar nuevos actores a la discusión.
Pero mientras dentro del oficialismo se abre ese debate, del otro lado el panorama es distinto. La Libertad Avanza parece enfocada en consolidar una construcción propia, con identidad marcada y sin depender de alianzas tradicionales.
Ahí aparece la primera tensión real: mientras Unidos discute si sumar a los libertarios, los libertarios discuten si necesitan a Unidos.
El trasfondo va más allá de un posible acuerdo electoral. Lo que está en juego es el modelo de construcción política. Unidos nació como un frente amplio, capaz de integrar espacios diversos. La pregunta ahora es si esa lógica puede seguir estirándose sin romperse.
Porque sumar a La Libertad Avanza no sería incorporar un socio más. Implicaría, en los hechos, redefinir el perfil del frente.
Mientras tanto, la oposición observa. No necesariamente con ventaja, pero sí con atención. Este tipo de debates internos, cuando escalan, suelen dejar expuestas tensiones que después tienen impacto político.
Hay además un dato que atraviesa toda la discusión: el cambio en el electorado. Con un escenario cada vez más fragmentado, ningún espacio quiere quedar fuera de la disputa principal.
Por eso, más que una alianza concreta, lo que hoy está en juego es cómo pararse frente a ese nuevo mapa político.
La pregunta ya no es solo si pueden ir juntos. La pregunta es hasta dónde está dispuesto a llegar el oficialismo para seguir siendo competitivo.
