OPINIÓN | Urbanismo y ciudad
El diseño urbano y la planificación del tránsito también son responsables de los siniestros viales. El caso de Sarmiento y Juan José Paso expone una falla estructural que la ciudad sigue sin resolver.
El trágico choque ocurrido en la intersección de Sarmiento y J.J. Paso, que terminó con la vida de dos motociclistas, no puede leerse como un hecho aislado ni como una simple imprudencia individual. Se trata de una esquina donde el diseño urbano y la organización del tránsito juegan un rol central y que, desde hace años, funciona como un escenario propicio para siniestros viales.
Sarmiento es una calle ancha utilizada como avenida de doble mano, sin un diseño urbano acorde a esa función desde su origen. La ausencia de separadores, carriles jerarquizados y dispositivos de ordenamiento convive con el estacionamiento en ambas manos, reduciendo la calzada efectiva y convirtiendo cada cruce en un punto de riesgo.
J.J. Paso, por su parte, también es doble mano, generando una intersección compleja, con múltiples trayectorias posibles, giros constantes y vehículos que se cruzan en pocos metros. En ese contexto, motos y autos conviven en un esquema que exige precisión permanente y deja poco margen para el error.
Desde una mirada urbanística básica, el problema es la ausencia de planificación. La intersección evidencia un esquema de circulación donde el espacio público no está jerarquizado y las decisiones de uso —como el estacionamiento— conviven sin una lógica de ordenamiento integral. El resultado es una calzada que parece amplia, pero que en la práctica funciona de manera estrecha y confusa, especialmente en las esquinas.
A esto se suma la indefinición de prioridades en el cruce. Hoy, la intersección no transmite un mensaje claro al conductor: no queda establecido quién tiene paso, a qué velocidad se debe circular ni qué comportamiento se espera en un punto de alta interacción entre vehículos. Esa falta de lectura urbana obliga a resolver cada cruce en tiempo real, dejando el margen de seguridad librado a la intuición y no a un diseño pensado para prevenir errores.
En términos de planificación de ciudad, se trata de un ejemplo claro de cómo la acumulación de decisiones parciales, sin una mirada de conjunto, termina generando espacios viales que funcionan al límite. Cuando el diseño no ordena, no anticipa y no reduce la posibilidad de equivocación, el tránsito se vuelve riesgoso.
La esquina de Sarmiento y J.J. Paso no necesita más estadísticas ni nuevas víctimas para demostrar que algo está mal. Necesita decisiones urbanísticas claras, planificación y voluntad política. Cada siniestro vial que ocurre sin cambios estructurales posteriores es, en definitiva, una oportunidad perdida para evitar el próximo.
